La ciudad como galería urbana

Por  Yaddy Porras

Grafitti es una palabra que me atrevería decir se comienza a escuchar cada día con mayor frecuencia e intensidad, algo que se evidencia en cada pared, puente y esquina de la ciudad la cual comienza a verse inundada por tales imágenes. Incluso hoy en día es posible conseguir un tour de graffitis por la ciudad, con un guía el cual te habla con propiedad sobre la técnica usada, su significado y su asociación con la cultura local. 

Definir lo que es un graffiti o mejor aún su sentido como expresión artística, cultural y social, trae consigo diversas opiniones y en ocasiones contrapuestas. El concepto más general, la define como una inscripción, pintura o dibujo, probablemente anónimo, de contenido crítico, humorístico e incluso agresivo grabado en lugares públicos. En este concepto se remarca que más que un dibujo es un medio que permite expresar algo.

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Pero ¿a qué se debe la controversia que despierta? Para algunos el graffiti es el reflejo del talento del artista callejero siendo algo digno de admirar, sin embargo, para otros, como el vecino que habita el barrio invadido por tales garabatos, en su concepto, resulta ser algo indeseable pues su parque, su casa o cierto monumento nacional ha sido asaltado por una imagen sin sentido para él, ha afectado algo que incluso considera sagrado. Sea cual fuere la posición, el uso del graffiti en el espacio público será, para muchos, un evento indeseable.

Sin embargo, en una ciudad dominada por un entorno gris, presente en los edificios, las calles de esfalto y los andenes de cemento, en general queda muy poco con que asombrarse. Pero puede pasar que al ir en un bus mirando por la ventana, te sorprenda una hilera de colores, imágenes y palabras que te sacan de tu estupor por un par de minutos.

Gracias a una iniciativa conjunta entre la secretaria distrital de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá y algunos artistas callejeros nació una iniciativa para ofrecerles un espacio dentro de la ciudad donde puedan plasmar su arte, sin el acoso de la policía, dentro de la ley y fuera de la clandestinidad. Aunque parece ser un buen acuerdo, para algunos esto va en contra con el sentido de denuncia que tiene este tipo de expresión artística.

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Aun así calles enteras han sido transformadas con esta iniciativa que ha reunido artistas de todo tipo desde pintores, fotógrafos hasta autodidactas. Un ejemplo de ello es la renovación realizada en Chapinero, la cual tenía por objetivo cambiarle la cara a una zona deprimida de la localidad, asediada por la inseguridad y la indiferencia de la gente. El resultado, una galería nocturna que puede ser admirada por los transeúntes cuando todos los locales comerciales que funcionan en la zona se encuentran cerrados.

Dentro de las tantas localidades intervenidas se encuentran Kennedy, Barrios Unidos, Suba  entre otras, contando dentro de lo más recordado los muros de la carrera treinta, los cuales son apreciados por todos aquellos que usan el Transmilenio por esta vía, o la Candelaria en el centro de la ciudad. El graffiti ahora hace parte de la ciudad, está siendo apropiado de formas que antes eran impensables.

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El graffiti está cambiando el panorama de una ciudad gris, al realizar una intervención urbana que capta la atención del transeúnte abstraído en su rutina diaria. En algún sentido está creando ciudad y comunidad donde solo había apatía. Fiel o no a su sentido de rebeldía más puro, el graffiti es un reflejo de lo que se puede lograr al unir fuerzas.

 

Colaboración: www.lamudi.com.co y www.lamudi.com.mx